viernes, 12 de agosto de 2011

Manderlay

Ya llevaba yo más de dos semanas en Nicaragua, ya bebía agua del grifo, dormía sin mosquitera, me paseaba tranquilamente por las calles, hasta mis heces parecían endurecerse y volver a la normalidad, pero ese alemán que llevo dentro no ha podido más y ha estallado hoy. Nicaragua me desespera. La pobreza y la delincuencia las entiendo, pero hay una serie de actitudes que no tienen relación con la situación económica y hoy me han tocado todas a la vez, y eso que me había levantado bien descansado porque esta noche ha refrescado y he dormido mejor que nunca. Mis alumnas se retrasan como siempre, pero bueno, eso es parte del día a día. Empezamos media hora tarde y todavía falta gente, han seguido llegando. Y lo impactante es que les parecía normal, nadie se ha disculpado. Por lo visto es porque es lo normal, claro, hasta los actos del colegio se retrasan y retrasan. Una alumna ha entrado en clase a media hora de que acabara y me ha dicho que es que estaba haciendo un mandado con su madre. O sea, poca vergüenza no, es que eso aquí no existe directamente.



Yo llegando a León

Luego, en el descanso voy a comprar unos auriculares normales, porque no voy a ir con mis superauriculares por la calle (¡Róbenme, por favor!), así que voy a una tienda a comprarlos, tienda por supuesto, desatendida, los dependientes siempre están en la trastienda sentados en la mecedora, descansando. Me venden unos auriculares bien cutres, me los llevo, los pruebo y no funcionan. ¿Para qué coño me vende unos auriculares que no funcionan? Vuelvo y coge unos que estaban al lado y tenían mejor pinta, claro, esos funcionaban, ¿por qué no empiezas por ahí, majo? Creo que mi mirada de odio me ha ahorrado tener que pagarle la diferencia, si es que había, por que el marcado de precios es tan creativo como abstracto e invisible. De vuelta en el colegio me encuentro con Madre Pilar, religiosa española que lleva años y años por toda Centroamérica y conoce bien el carácter de los nicaragüenses, probablemente la que mejor me entienda de todas las personas que me rodean. Con ella hablo de eso, de esta actitud tan desastre que tienen los nicaragüenses, de la falta de civismo, de educación y respeto. Y justo después me encuentro con que del siguiente grupo sólo tengo a 3 alumnas de 7 que están en la lista. Espero 45 minutos a ver si alguna más se digna a venir y como no apareció ninguna, les cancelé la clase, así de claro, les he dicho que no les pienso dar ni una sola clase más, les he dado mi mail y les he dicho que se organicen y me manden lo que quieran hacer, entonces consideraré si se merecen volver a tener clases. Un desastre, pero es que salgo a la calle, empiezo a fijarme y es un problema nacional.


Yo dando clase

Entonces, un pensamiento pasa por mi mente: Nicaragua se merece esta situación económica. Pienso en Alemania, un país que resurge de sus cenizas de forma sorprendente, claro que es otra situación, pero algo tendrá que ver el hecho de que los alemanes tienen un gran sentido de la puntualidad, el cumplimiento, la perfección, la excelencia, el orden y la organización. Aquí eso es inexistente y no se debe a la pobreza, sino a la idiosincrasia. Sea la hora que sea, la calle está llena de gente sentada en su porche, tranquilamente, regodeándose en su miseria, los veo trabajar con desgana. Las escobas y fregonas no limpian, sólo remueven la mierda (literal). No es pobreza, es vagancia y dejadez. El otro día la Madre Marta Lorena decía que cuando estuvo en España, visitó Andalucía y al ver a la gente dijo: “De aquí vinieron nuestros antepasados”. Y esa es la verdad. Así como USA puede resultar una exageración de Europa, Latinoamérica parece ser la máxima expresión de la joie de vivre en la vagancia andaluza.

Más tarde, a la hora de comer, me acerco al colegio y me viene Marita, la que limpia la casa, y me dice que le tengo que pagar por lavarme la ropa, que me la lavó dos veces. Si hay algo que me indigna (esto lo he heredado de mis padres) es que la gente actúe a hechos consumados. Si me hubiera dicho en un principio que le tenía que pagar un tanto (25C$, poco más de 1$) por cada vez que me lava la ropa, yo se lo hubiera pagado y ella hubiera ganado un dinero extra. Pero no, no me dijo que me iba a costar dinero eso, porque yo tenía entendido que entraba dentro de sus servicios en la casa, que le pagan las religiosas. Entonces le he dicho que le pagaré las anteriores coladas, pero que de ahora en adelante ya me lavaré yo la ropa, todo muy de buen rollo, pero me ha molestado muchísimo. Encima me ha pedido si le puedo dar algo de dinero para la Gritería Chiquita (celebración pseudoreligiosa que no es otra cosa sino una manera de tener más fiestas de las que ya tienen, porque es la versión leonesa de la fiesta nacional de la Purísima, que se celebra en diciembre). Al fin y al cabo toda esa hospitalidad nicaragüense desaparece para dejar lugar al verdadero sentimiento que genera un gringo por estos lares: dinero, dinero, dinero.


Yo pasando lista en clase

¿Y qué puedo hacer yo? ¿Leer? No, porque voy a comprar libros a LA librería y están de vacaciones (el periodo de vacaciones es Diciembre-Enero), el resto de librerías son en verdad papelerías donde sólo tienen libros de Rubén Darío en ediciones estilo bazar chino. Y llego a casa el otro día y no había electricidad. Resulta que había unos cables cortados, primero decían que los había cortado Unión Fenosa (sí, cuando dicen cortar la luz se refieren a que vienen con tijeras y te cortan el cable, Nicaraguan Way), pero claro, como hay verja, la conclusión fue que alguien había cortado los cables. Y me dice uno, le han quitado la luz para asustarlo, gracias, eso me tranquiliza, pensar que hay alguien en este barrio que va a venir de noche a robar aprovechando que no hay luz. Menos mal que Kenneth permanecía tranquilo y me decía que esto le había pasado como tres veces en pocos meses, así que no era nada. Luego resultó que los supuestos cables cortados eran unos cables que habían dejado colgando tras la última reforma, colgando abiertos en la fachada de la casa y tenían electricidad, es decir, invitando a electrocutarte. Ya se solucionó el problema, pero el pensar que no iba a estar seguro ni dentro de la casa, ya era como para pegarse un tiro. Pero bueno, la conclusión es que hoy no es mi día para con Nicaragua.


Ahora cambiaré mi dinámica de clases

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