jueves, 18 de agosto de 2011

La Gritería Chiquita

Una de las celebraciones nacionales de Nicaragua es la Gritería, que se realiza en la víspera del día de la Inmaculada (8 de diciembre), en ella la gente recorre las casas gritando: “¿Quién causa tanta alegría?” En la casa contestan: “La Concepción de María”. Y les dan caramelos. En un principio se hacían cantos a la Virgen y se daban objetos religiosos (rosarios, libros de cantos, etc), pero por motivos comerciales y capitalistas, ahora se dan caramelos, como si de una especie de Halloween católico se tratara. La cosa es que los niños, y no tan niños, acaban con mochilas llenas de dulces. Pues en León además de esta fiesta, se celebra la que se conoce como Gritería Chiquita.

Un toro en la alborada

El origen de la Gritería Chiquita se remonta a mediados de siglo XX, cuando una erupción del Cerro Negro, volcán cercano a León y responsable de sepultar el antiguo León, llenaba la ciudad de ceniza y piedras, en un intento desesperado, el obispo de León ordenó llevar a la Virgen de la Asunción en procesión hasta el Cerro Negro, entonces la erupción paró y claro, no fue casualidad, sino milagro de la Virgen. Por ello, se instauró la Gritería Chiquita en la víspera del día de la Asunción de María (15 de agosto) en la que se grita igual que en la Gritería de diciembre, pero en esta ocasión la respuesta es “La Asunción de María”.

Como toda fiesta en este país, las celebraciones se extienden y alargan más de lo que deberían. Los petardos se escuchaban días antes del domingo por la noche. Y el viernes se celebró en el Colegio de la Asunción, puesto que el domingo no hay clases. Por la tarde los alumnos sacaron una imagen de la Virgen de la Asunción en procesión por el centro de la ciudad, yo pasé cerca y mis alumnas me identificaron rápidamente, y me pasé la procesión saludando alumnos. Una vez llevada la Virgen de vuelta al colegio, salieron alumnas a bailar bailes folclóricos y luego salieron los ‘toros’ de la alborada, que son una estructura de madera con fuegos artificiales (lo más seguro del mundo), que se acerca a la gente y todos salen corriendo.


Niño de La Ceiba

El domingo por la mañana fuimos a La Ceiba, a la colonia rural de la Asunción, para celebrar la Gritería allí también. Éramos 15 personas en una camioneta con 5 plazas y una carga detrás, esto es normal en Nicaragua, basta con ver los ‘autobuses’ locales. Lo sorprendente es que de todos los que íbamos (la mayoría jóvenes), conducía Madre Pilar, religiosa español de unos setenta y pico años, por una carretera rural, que se parece a un camino de montaña lleno de baches, agujeros y charcos (más bien estanques, ya que ocupan todo el ancho de la carretera). Una vez llegamos allí, el asunto tardó como una hora y media en empezar y la gente seguía llegando, con una tranquilidad increíble, las horas flexibles nicaragüenses…


Madre Pilar, la supermonja

Todos los niños cantaban a la Virgen, de una manera aprendida y una devoción inexistente, porque sabían que como era la Gritería, les iban a dar dulces y caramelos, básicamente por eso estaban allí. Así que como los evangélicos regalan atención médica en algunas zonas rurales para ganar adeptos, los católicos daban caramelos a los niños a cambio de cantar a la Virgen, una Virgen a la que se adora por su blancura y pureza, una virgen más caucásica que Nicole Kidman, una manera de establecer el estándar de pureza en la piel blanca y los ojos azules, terrible. Una vez dados los caramelos, todos se fueron, sólo se quedaron los habituales, y ni ayudaron a recoger las sillas ni nada, eso sería pedir demasiado.


Abuela con su nieto en La Ceiba


La gente haciendo cola para pedir en los puestos institucionales

En la noche del domingo era la Gritería Chiquita en las calles de León, que comenzó con unos toros que asustaron a todos los asistentes y llenaron el Parque Central de humo. La gente hacía cola para “gritar” en los puestos de instituciones nacionales, pero los fuegos artificiales dejaban claro los centros de poder: sólo estallaron sobre la Catedral y el Ayuntamiento, mostrando los dos poderes del país, el matrimonio entre un gobierno corrupto y un sector de la Iglesia que recibe y calla. El espectáculo sólo acababa de comenzar.


Altar en el Ayuntamiento de León

La gente se agolpa en los puestos institucionales

Anduvimos por la calle Central, viendo las casas de los más pudientes de la ciudad, donde los dueños daban caramelos y dulces desde detrás de sus puertas enrejadas, con altares a la Virgen. Entonces los asistentes se dividían en dos clases: los devotos y los aprovechados, reinando la segunda categoría, gente que corría de altar en altar intentando sacar el máximo provecho y buscando los altares donde daban algo mejor (cepillos de dientes, peluches, bolsas). Como bien me resumió Kenneth, esta celebración es más costumbre que tradición, es decir, la gente no entiende el significado de todo esto, llegando al límite de gritar “¿Quién causa con tanta alegría?”, algo que me había dicho Madre Pilar, pero yo no creía posible, es gramática básica, esa pregunta no tiene sentido; sin embargo, la escuchamos muchas veces a lo largo de la noche.


Madre enseñando a su hijo a "gritar"

La tradición tiene en su origen la devoción mariana, pero de eso vimos poco, sí había mujeres mayores que se paraban ante los altares y cantaban o rezaban con verdadera devoción, pero la mayoría querían caramelos. Lo sorprendente era ver a qué límites llegaba la gente por algo regalado. Gran parte de la gente que sale a gritar no tiene muchos recursos, entonces algunos de estos regalos suponen mucho más de lo que supondría para el resto, es decir, ese peluche que les dan gratis no se lo podrían comprar ellos mismos para sus hijos.


Manos de gente desesperada

Llegamos a una casa enrejada donde la gente se aglomeraba y vimos por qué, estaban regalando peluches (“probablemente usados” dijo Kenneth), y contemplando el show de la gente metiendo los brazos por entre las rejas, causando que la familia se agobiara bastante, lógico y normal, una mujer nos escuchó y dijo: Sí, así es el pueblo, la mandíbula se nos cayó al suelo. Yo me quedé allí para hacerle una foto a la señora de la casa, agobiada por las numerosas manos que iban a tirar su reja abajo, Dios la librara de caer en manos de esos salvajes. Gritos, golpes, insultos, uno empezó a escalar la reja, increíble. Pero había de todo, otros altares más sencillos donde la tradición tenía lugar de forma tranquila.


Señora de la casa viendo a los pobres en su reja

¡¡Gratis!!

Altar a la Virgen

Pasamos por el Barrio Zaragoza, bastante pudiente también, eso se veía en las casas, que no eran las mismas que las que encuentro por mi barrio (Guadalupe), sino que a través de las puertas abiertas se podía ver que no toda Nicaragua es tan sumamente pobre. Finalmente nos dirigimos al Barrio de El Laborío, mucho más sencillo y menos céntrico, donde se veía un comportamiento más familiar y distendido, aunque la gente seguía agolpándose histéricamente en algunos altares. Lo más sorprendente era ver los altares más suntuosos en las casas más sencillas, aunque suntuoso entendido de una forma un tanto kitsch: cuantas más Vírgenes, mejor.


No todo es pobreza en Nicaragua

¡¿Quién causa tanta alegría?!

¡La Asunción de María!

Ambiente en las calles de El Laborío

Hombres a la puerta de una casa con altar

Más kitsch que un restaurante chino

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