viernes, 5 de agosto de 2011

A day in my Nica life

Amanezco a las 6 de la mañana y tengo mi momento all-bran, me ducho y desayuno (café y tostadas), a las 7 estoy en la calle camino del Colegio de la Asunción. Para llegar allí atravieso el puente (construido por unos españoles en un proyecto de ayuda, ahora la mayor parte del puente está arrancado y si te caes, caes al río) que atraviesa el Río Chiquito y subo por una calle en la que está la Pulpería Rosita (las pulperías son una especie de ultramarinos, en el porche de la casa instalan la tienda, hasta el pakistaní más inmundo de Barcelona tiene más productos y mejor colocados en su tienda), luego paso por delante de un señor que siempre está allí sentado y cuando pasa alguien, como si de un detector con cédula fotoeléctrica tuviera, dice mirando al horizonte: “¡Buenos días, tenga buenos días!”, mientras se balancea sobre sí mismo, un personaje. En total el recorrido son unos 15-20 minutos andando.

A las 7.30 tengo a un grupo y le doy clase hasta las 9.30 (aunque siempre llegan tarde y empiezo a las 7.45 como pronto y la clase se alarga hasta las 9.45), luego tengo el siguiente grupo de 10 a 11.45. En esta primera semana he hecho muchos ejercicios de expresión corporal con cada grupo y he empezado a preparar ya la obra que van a representar, por lo menos 10º y 11º van a escribir ellos mismos la obra, por lo que empleo la clase como taller de creación teatral. Mientras los de 11º van a representar la vela de la muerte del loro Scooby-Doo, una comedia de vecinos que están creando entre todos, los de 10º interpretan una catástrofe nuclear en un refugio atómico donde se reúnen personajes dispares, desde Lady GaGa a un agente de la CIA, o una monja que en verdad es una ex convicta. Algunos días tengo con los más pequeños, los de 6º, con los que me limito a expresión corporal. La verdad es que lo de las clases no lo tenía nada preparado, yo venía a adaptarme a lo que propusieran y aquí estaban viendo qué les ofrecía, así que tuve que improvisar, así de claro, a los dos días de llegar ya estaba dando clases, corrí a buscar ejercicios a Internet, porque la verdad es que no tenía recursos, y la escuela no me proporcionaba nada, porque se suponía que yo venía con mi plan. Siempre que acabo las clases me acerco a secretaría a conectarme a Internet, no sé si a la secretaria le sienta mal, pero como Madre Claudia me dijo que sí podía, yo chequeo mi mail y demás a esa hora.

Arrastrado por todos los niños de primaria que salen de la escuela, salgo de nuevo a la calle y vuelvo a pie al Colegio Madre María Eugenia hacia las 12.30, donde Luz Marina me tiene preparado el almuerzo, que suele consistir en mucho arroz, carne, ensalada, queso fresco y una torta de maíz, y para beber un jugo de manzana bien frío. Y después de comer vuelvo agotado a casa a descansar. Los martes y miércoles tengo clases por la tarde de 2 a 4 con los chicos del Madre María Eugenia, que son grupos más flojos, se nota que son otras horas y también, sin ser clasista, la educación es distinta a la de los alumnos de la Asunción (la Asunción es un colegio grande en el centro de la ciudad, mientras que el Madre María Eugenia es un colegio de barrio, los techos fueron construidos por la Comunidad de Madrid, btw).

Si no tengo clase me echo una merecida siesta y después me voy de paseo por el centro, me acerco al supermercado, doy una vuelta o acabo conectándome a Internet en Café Latino. También puedo ir a museos y cosas por el estilo (no hay muchos, así que los reservo para días en los que esté más aburrido por las tardes). Hasta las 5 y media puedo estar por el centro y me vuelvo para estar en casa a las 6.

A las 7 de la tarde me trae Luz Marina la cena, que suele ser un sándwich consistente (varios pisos) y más jugo de manzana frío, con el calor que hace lo que más me apetece es el jugo frío. Ceno viendo un capítulo de 30 Rock, que estoy volviendo a ver desde el principio. Después me dedico a preparar ejercicios para las clases, leer obras que puedan interesar a mis alumnos y escribir estas entradas. A las 8 llega Larry y charlamos un buen rato, José Domingo suele llegar un poco más tarde. Hacia las 9-10 nos retiramos a nuestros aposentos para descansar, yo antes de dormir veo un capítulo de My so called life o empiezo una película. La verdad es que para antes de las 11 ya estoy dormido. Duermo con la mosquitera por encima, en una cama que tiene un colchón finísimo y hace mucho ruido cuando me muevo, además la cama es de una medida nicaragüense, no pensada para personas como yo de grandes, pero estoy tan cansado que me duermo fácilmente. Además de la mosquitera, está encendido el ventilador toda la noche, para espantar a los zancudos, que son los mosquitos de patas enormes (de allí el nombre) portadores de malaria y dengue. Estos son los días laborales, en fin de semana hago otro horario más flexible, pero levantarse tarde es levantarse a las 8.

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