Tras un viaje de 9 horas, llegué a Miami con cierto retraso, lo que hizo que la escala allí se convirtiera en una carrera de obstáculos de lo más ridícula, ilustrando perfectamente la estupidez de los EEUU. Habiendo llegado a la puerta D45 el vuelo para Managua salía de la D37 (que estaba, literalmente, enfrente), pero tuve que recorrer tooodo el aeropuerto de Miami para pasar por Inmigración y Aduanas, todo operado por latinos. Llegué a Managua sin problemas, no pasó lo mismo con mi maleta, que se quedó en Miami.
Nada más llegar y pasar el control de inmigración, pude ver la gran diferencia entre Occidente rico y Latinoamérica, todo era ‘cutre’, muy cutre. Fue muy sospechoso el que al llegar al área de recogida de maletas, además de las dos cintas de maletas, hubiera un puesto grande con un cartel oficial donde ponía ‘Equipaje retrasado’, tuve la suerte de que dos grupos de vascos habían tenido el mismo problema y todos iban hacia León, como yo, así que no habría problema para que me llegara la maleta. Las madres Marta Lorena y Claudia me esperaban en el aeropuerto y me llevaron en un microbús hasta León. En el viaje observé lo que pude de los alrededores de Managua, mucha miseria, y presenciamos un accidente de moto, todo el que se queja de cómo se conduce en Nápoles es porque no ha visto conducir a los nicas. Cuando llegamos a León yo esperaba ver algo más de ciudad, puesto que es la segunda ciudad de Nicaragua y la antigua capital, pero sólo veía casuchas con tejados de uralita y metal, eso era la ciudad, bueno, parte de ella. Después de muchas horas de viaje y sin mi maleta, entré en la casa que se encuentra al lado del Colegio Madre María Eugenia en Río Chiquito, aquello era una casa de un piso, bastante tosca y pobre, y vi mi habitación, un zulo de 2 metros de ancho por 3 metros de largo con armarios a un lado y un ventilador, ese era mi cuarto, esto era Nicaragua. Y yo sin mi maleta.
El capitalismo rugía dentro de mí, estaba como poseído por una preocupación enorme, cómo iba a poder vivir más de un mes en semejante lugar, me encontraba completamente desubicado y confundido. Conocí a los dos chicos que duermen en la casa, Larry, un joven licenciado en Psicología que trabaja en el colegio y con la congregación en la pastoral, muy simpático y otro, que trabaja la mayor parte del día.
Cómo mola el principio de tu aventura!!! Viva el "cultural shock"!!!
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