viernes, 29 de julio de 2011

Amanecer en Nicaragua

Al día siguiente amanecí mejor, pero seguía preocupado. Me encontré con una mujer bajita y con un aspecto que la revelaba curtida en una dura y larga vida, llamado Marieta, que es quien se encarga de limpiar la casa y el colegio, y se preocupa constantemente de que esté bien, me dijo que todos me iban a cuidar y proteger y no tenía nada de qué preocuparme, era lo que necesitaba ese día. Fui a conocer primero el Colegio Madre María Eugenia, un edificio de una planta lleno de aulas abiertas (para la ventilación de las mismas, por el calor) y al fondo del colegio, en el cafetín (un microbar al final del patio), se encontraba Luz Marina, la mujer que se encarga de hacerme la comida (como en ese cafetín del colegio a las 12.30) y la cena, que trae a casa cada noche (6-7 pm). En el colegio llamé a American Airlines y les di la dirección del colegio de la Asunción para que me mandaran la maleta, tuve que volver a llamar por la tarde para insistir.

Después me acerqué al Colegio de la Asunción, donde hablé con la coordinadora de la Primaria, para ver lo que íbamos a hacer de clases de teatro, que sería algo de tipo expresión corporal. Por la tarde hablamos con la coordinadora de la Secundaria, para dejar claro cómo organizaríamos las clases de teatro y establecimos que habría que preparar algo para representar bien fuera el 26 de agosto (día de un festival) o el 11 de septiembre (Día Familiar). Se organizaron los grupos y vi los largos listados, pero la madre Claudia me avisó que la mayoría desertarían, si no el primer día, en los siguientes. Y así me encontré que tenía clase al día siguiente a las 7.30 am. Esto que puede sonar a prontísimo en España, viene a ser en Nicaragua como las 9.30 de la mañana, ya que nos levantamos a las 5-6 am y la cena es a las 6-7 pm, por lo que la gente está en la cama antes de las 10pm. Esa tarde tomé una Coca Cola en un bar muy elegante del centro y empezó a caer lluvia tropical, aproveché un momento en que amainó para volver andando hasta la casa y me perdí (era la primera vez que hacía el recorrido solo y tan sólo la segunda vez que lo hacía a pie), pregunté a una mujer y llegué sin problemas.

Creo que sólo en puebluchos muy remotos de España se pueden encontrar pequeños casos de lo que aquí en Nicaragua supone el nivel de vida medio-alto. Ayer conocí a Kenneth (que aquí se pronuncia Quenet), una de las personas que más seguridad me dio, explicándome que entendía que yo me sintiera en lo peor del mundo, porque a él le pasaba lo mismo al irse de misiones, pero que debía entender que lo que estoy conociendo de Nicaragua es primera clase, que la situación del resto del país es mucho inferior a lo que yo había visto, lo cual resulta espeluznante. Creo que es culpa de los medios de comunicación que nos hayamos acostumbrado tanto a la existencia de la pobreza, que la hemos trivializado de manera que no nos afecta al no verla en nuestro entorno cotidiano, pero vivirla al lado de donde duermes es impactante. Sin embargo tienen el privilegio de ser las marionetas de los Estados Unidos y España (con Coca Cola y Telefónica campando a sus anchas por todas las esquinas), aunque la alternativa nacional tampoco parece aportar gran esperanza (los partidos socialistas más capitalistas del continente). Por otra parte es un país sumamente devoto religioso, en cada esquina te encuentras una cita religiosa, ayer vi una camioneta vendedora de pizzas donde estaba inscrito ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’. Aunque por otra parte no me han hablado bien de los sacerdotes del lugar, al parecer capitalizadores de la religión. Por ello no es de extrañar que estén tan vivas las congregaciones de monjas, pastorales y comunidades de laicos, además de la existencia de todo tipo de grupos religiosos cristianos. El estereotipo más visible y cierto de momento es el de la relajación respecto a los horarios y las horas convenidas, las 7 nicaragüenses no son necesariamente las 7:00, sino que fluctúa entre las 7:00 y las 7:30 (de una forma mucho más establecida de lo que está en España).

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