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viernes, 5 de agosto de 2011

Seguridad

La seguridad en Nicaragua es inexistente para un europeo medio. Hay que tener en cuenta que Nicaragua es el país más seguro de toda Centroamérica, claro, si pensamos en la competencia, no supone un gran logro. Con que no haya asesinatos en la calle a la luz del día, ya basta para ganarse ese título. Y esa es la tónica más o menos, siendo León una ciudad muy segura dentro de Nicaragua (la zona de narcotráfico está en la costa Atlántica y las guerras de pandillas, maras, suceden en su mayoría en Managua). Durante el día todo es más o menos seguro, nadie roba a la luz del día, porque está mal visto y todos se conocen; aquí por lo visto hasta a los turistas ayudan si les roban y a los ladrones se les persigue si salen corriendo, los coches les paran el paso y demás. Sin embargo, de noche, a partir de las 6 y sobre todo a partir de las 8, los puentes se convierten en lugares muy peligrosos, puesto que las farolas están rotas (tampoco es que haya muchas farolas anyway) y no hay casas cerca de los puentes, por lo que es un tramo oscuro donde se refugian los ladrones. El otro día volví con Kenneth de cenar en el Mediterráneo (el restaurante más historiado de la ciudad, con cierto tinte europeo, puesto que sus dueños lo son) y volvimos en taxi porque eran las 11 de la noche, entonces pasamos en taxi por el puente de al lado de mi casa y el taxista nos señaló al ladrón que allí andaba esperando al incauto o al que no tenga dinero para pagarse el taxi (el taxi no cuesta mucho más de 1 $).

Para un extranjero como yo, la mayor precaución es aparentar que no llevas nada de valor (no agarrar la mochila, no mirar inquieto e inseguro), no sacar objetos de valor en la calle y no moverse solo por la ciudad después de las 6. Cuando veo a los turistas que llegan a la ciudad en modo turista (gorra, pantalones cortos, cámaras de fotos a la vista, iPhones) me tranquilizo al saber que antes robarán a esos que a mí, aunque la mayor parte de los turistas que he visto van más tirados por así decirlo, han venido a hacer turismo ecológico (este adjetivo es una de las palabras más gastadas por los nicas para vender cualquier cosa). De todas formas los turistas no conforman una gran masa, se ven sueltos y sobre todo se concentran en un área del centro de la ciudad, sin embargo en mi barrio creo que soy el único blanco o chelo, como se dice aquí.

Al principio no me imaginaba cómo iba a poder andar tranquilo por las calles, pero al segundo día ya volví solo desde el Colegio de la Asunción hasta el Madre María Eugenia, me dijeron que era un aventurado, porque los anteriores voluntarios tardaron hasta dos semanas en poder moverse de un sitio a otro solos sin necesidad de que los llevaran. En menos de una semana ya he ido hasta el centro con el portátil en la mochila y he vuelto andando también, no en taxi, llegando a casa sobre las 6. Me sentí bastante orgulloso de mí mismo, por superar el miedo.

Aparte del peligro físico, existe el peligro virtual. Facebook es para nosotros una red social donde vertemos mucha información personal, pero sabemos qué contar y qué no y cómo gestionar la privacidad, más o menos; pues aquí la gente llegaba a poner su dirección personal real y muchos datos personales, no ponía límites de privacidad y mostraba su intimidad a todo el mundo. Esto se daba mucho en adolescentes, entonces los secuestradores y ladrones utilizaban Facebook para seleccionar a sus víctimas, viendo las fotos valoraban su posición económica y lo que les podían robar. Así se cometieron robos, secuestros y violaciones. Me enteré de esto al no entender por qué Google + le fascinaba tanto a Kenneth y me explicó este uso de Facebook en Nicaragua.